The Cluetrain Manifesto

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Los mercados no quieren conversar con charlatanes y vendedores ambulantes (…)

Tu producto falló, ¿por qué? Nos gustaría preguntarle a la persona que lo hizo. Tu estrategia corporativa no tiene sentido. Nos gustaría hablar con tu director general. ¿Cómo que no está?

El lenguaje inflado y pomposo que utilizas (en la prensa, en tus conferencias), ¿qué tiene que ver con nosotros?

Tus ideas anticuadas acerca del mercado nos hacen volver la vista al cielo. No nos reconocemos en tus proyecciones (tal vez porque sabemos que ya estamos en otro lugar.

Los estilos de gestión de “control de mando”, surgen de las luchas de poder y de una cultura general de paranoia; estos estilos refuerzan la burocracia.

Los mercados inteligentes pueden cambiar de proveedores instantáneamente. Los “trabajadores del conocimiento” interconectados pueden cambiar de empleador durante la comida. Las propias iniciativas de reducción de tamaño en las empresas nos enseñaron a preguntar: “¿lealtad?, ¿qué es eso?

”¿Estás tan ocupados “haciendo negocios” que no puedes contestar nuestro correo electrónico? Por Dios, vaya, volveremos más tarde…tal vez.

Si el coeficiente intelectual se midiera como la disposición de abrir paso o de quitarse de en medio, resultaría que muy pocas compañías se han vuelto sabias.Estamos despertando y conectándonos.

Estamos observando…pero no estamos esperando.

Son sólo nueve de las noventa y cinco tesis del Cluetrain Manifesto, publicado hace casi 10 años por Levine, Locke, Searls y Weimberger. Estos cuatro autores fueron capaces de proyectar el verdadero potencial de los mercados conectados a través de la red de redes.

Son los que hoy se conocen como mercados de las conversaciones, y que están revolucionando el capitalismo, las estructuras empresariales, los estilos de gobierno, la sociedad, y por supuesto la forma de comunicar, conseguir notoriedad y construir marca.

Ahora más que nunca es tiempo de abrazar y reconocer la trascendencia de cada uno de estos noventa y cinco principios. Quizás luego sea demasiado tarde; nosotros no estamos esperando.

El mundo te habla, ¿lo escuchas?

Hasta pronto.

Ángel González

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